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  • "La alegría de vivir"
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Artículo 7.- DIOS

Estimado amigo, siguiendo en mi línea de recordar el pasado, estuve pensando y pensando, pero no hallé el primer recuerdo en el que alguien me habló de Dios. Sí que recuerdo que cuando era niña, todo el mundo hablaba de Dios. Yo vivía en un pueblo, y cuando iba de visita a casa de una amiga, sencillamente abría la puerta, porque en aquel entonces, nadie tenía las puertas cerradas con llave, y con voz fuerte decía: “¡Ave María purísima!” Y si había alguien en la casa, fuera quien fuera, contestaba: “¡Sin pecado concebida!”, sí, era así. También recuerdo que la gente se acogía a Dios cuando alguien contaba sus desgracias, y si eran alegrías, alababa a Dios. Recuerdo ir a Misa, y recuerdo bien la voz del sacerdote, fuere cual fuere, en las homilías, voz que hablaba de Dios, de Jesús. Y recuerdo que hice la primera comunión, ¡qué alegría!, y me enseñaron muchas más cosas de Jesús y de Su Madre bella, la Virgen María. Recuerdo que mi madre y mi abuela me enseñaron a rezar, y como he dicho antes, no recuerdo la primera vez que oí hablar de Dios. España, Cataluña, era tierra de María, ¡era tierra de Dios!

Dios se propaga por las gentes, Dios se hace anunciar por las personas, y yo te lo anuncio, yo te hablo de Dios, te hablo de la Virgen María, y te digo que Dios existe, que Dios vive en la Sagrada Eucaristía. Es tal mi certeza, que se une ella a tantos santos que nos hablaron de Dios, santos como las madres de mis amigas, que contestaban a mi saludo de “Ave María purísima” con: “Sin pecado concebida”, incluso a sus hijas, mis amigas, que tienen fe y viven la fe, porque la santidad es para todos, para ti también, sí, para ti también.

Creer en Dios, es creer en el Sumo Bien, y cuando uno cree en el Bien Máximo, eso te da fuerzas para hacer el bien, como Dios lo hace, porque Dios hizo, hace y hará el bien, y tú y yo haremos el bien porque sabemos que Dios hace el bien y es bueno, y todos nosotros somos a su imagen y semejanza. Sí, tú también, también eres a imagen y semejanza de Dios, sí, tú también puedes hacer el bien y ser bueno.

Te quiero mucho.

Gracias, amigo.

Siempre adelante con la fe.

María Durán de Bellido

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